Allí estaba yo, intentando auto-controlarme (sin demasiado éxito) para no estampar ningún objeto contundente en la cabeza de algún cliente exasperante (cada día tengo mas respeto a los camareros, esto no se paga con dinero, lo que hay que aguantar a veces).
Un voz bastante agradable me dice:
- Disculpa.
Yo mas que nada, por el asombro de oír semejante palabra, me de doy la vuelta. Y ahí estaban mirándome fijamente, unos ojazos azules de infarto, yo creo que hasta parpadeé y la cara de gilipollas que se me quedó seguro que fue monumental (va a sonar pastelero lo se, pero por unos segundos dejé de escuchar a la petardas que por allí se encontraban) al regresar a la realidad y recobrar el poco sentido que tengo, me di cuenta que el chavalito salvo los “ojazos” carecía de interés.
- ¿Me traes una coca cola?
Yo:
- Si claro.

Disculpa, me puedes traer otra a mí?
Jojojojooooo, así que te apasiona Spiderman, eh?...
Te tengo, hala, como amiga del tirón xD.
Fuerza y honor.
Te dió tiempo a mirar algo mas, a parte de los ojos?. Que vida mas dura la del saciador de voluntades.
¿Pero los ojos te impactaron, no? pues eso es lo que importa....por lo menos así fué, no??? pues es lo que te llevaste en ese momento ¡ a disfrutarlo!